Con este post, inauguramos una serie de artículos en los que hablaremos de nuestra materia prima por excelencia: El papel.

El papel es un material que nos rodea y usamos a diario, lo encontramos en casa, en el trabajo, en el colegio…y tiene múltiples aplicaciones, libros, publicidad, cartas, revistas, packaging… El papel nos ha acompañado a lo largo de la historia siendo el canal de transmisión del conocimiento y la cultura.

En el Antiguo Egipto se escribía sobre papiro desde antes del año 3000 a.C. Se fabricaba con un vegetal muy abundante en las riberas del río Nilo, el Cyperus papyrus, y fue el primer material que presentó propiedades asociadas al papel. Posteriormente, en la antigüedad grecorromana, el papiro compartió popularidad con el pergamino, que prevalecería en Europa durante la Edad Media. El pergamino consistía en pieles de becerro, oveja, cabra o carnero curtidas con cal y preparadas para recibir la tinta. No obstante este proceso resultaba costoso, por lo que a partir del siglo VIII se acostumbraba a borrar los textos de los pergaminos para reescribir sobre ellos (dando lugar a los palimpsestos) perdiéndose de esta manera una cantidad inestimable de creaciones.

Antes de inventar el papel, los escribas chinos escribían, utilizando una punta rígida, sobre tiras de madera o bambú, pero estos materiales no facilitaban la escritura, además de que suponían un problema al momento de archivarlos. Después de la introducción del pincel de pelo, se sustituyó el soporte por los primeros intentos de realizar papel a partir de residuos de tela, seda, la paja de arroz, y el cáñamo, e incluso del algodón. Se considera tradicionalmente que el primer proceso de fabricación del papel fue desarrollado por el eunuco Cai Lun, consejero del emperador He de la dinastía Han Oriental, en el s. II a. C.

Durante unos 500 años, el arte de la fabricación de papel estuvo limitado a China; en siglo VII se introdujo en Japón, y durante el siglo VIII en Asia Central. El conocimiento se transmitió entonces a los árabes, quienes lo introducirían luego en España en el siglo XI, estableciéndose en Játiva la primera fábrica de papel europea (año 1056). A partir de este momento se difundió la técnica por todo el continente creándose molinos papeleros en Italia, Francia y Holanda.

En Europa, la única materia prima utilizada eran trapos de lino y algodón, por lo que la aparición de la imprenta generó un aumento del uso del papel a partir del siglo XV, provocando una escasez de estos materiales. Aunque se intentó utilizar diferentes materiales como sustituto, ninguno fue un éxito comercial hasta 1840 con la introducción del proceso mecánico de trituración de madera para fabricar pulpa, y en 1850 se introduce el primer proceso químico.

Desde entonces el papel se ha convertido en uno de los productos emblemáticos de nuestra cultura, elaborándose no solo de trapos viejos o algodón sino también de gran variedad de fibras vegetales; además la creciente invención de colorantes permitió una generosa oferta de colores y texturas.

Aunque el papel ahora puede ser sustituido para ciertos usos por materiales sintéticos, sigue conservando una gran importancia en nuestra vida y en el entorno diario, haciéndolo un artículo personal y por ende difícilmente sustituible.

El papel que conocemos en la actualidad es una estructura compacta de fibras vegetales, ya sea mediante procesos químicos (celulosa) o con procesos mecánicos (pasta de madera) suspendidas en agua, y posteriormente secada y endurecida. Generalmente ésta mezcla es blanqueada. También es habitual que los fabricantes de papel, para reducir el uso de celulosa y con el fin de proporcionarle características especiales, añadan sustancias a la mezcla, consiguiendo de esta manera obtener efectos visuales, tacto u otras cualidades diferentes.

“En España hay 10 fábricas, que producen celulosa a partir de madera procedente de plantaciones. Y hay además 67 fábricas que, bien a partir de esa fibra nueva de celulosa, bien a partir de fibra reciclada procedente del bosque urbano, producen papel.” (Fuente: ASPAPEL Memoria 2014)

Ya habíamos dicho anteriormente que en la actualidad, básicamente el papel se compone de fibras vegetales, que podemos dividir en dos grandes grupos dependiendo de su longitud:

– Fibras largas: Se obtienen principalmente del pino u otras coníferas y tienen una longitud de unos 3mm. aproximadamente.

– Fibras cortas: Mayoritariamente proceden del eucalipto y miden entre 1 y 2mm. de largo.

La mayoría de las fibras no siguen un orden aleatorio sino que quedan alienadas en una dirección determinada durante el proceso de elaboración del papel. Conocer el sentido o dirección de la fibra del papel es básico antes de pasar a imprimir, ya que puede provocar algunos efectos no deseados como son:

– Curvatura excesiva del papel: Podemos verlo en alguna revista, si la orientación de las fibras es paralela al lomo de la revista, la cubierta tendrá tendencia a curvarse. Este efecto se puede mitigar planteando el trabajo de manera que la fibra del papel quede perpendicular al lomo. Además si el papel va plastificado es importante que el plastificador lo tenga en cuenta para evitar que la tensión provocada por la capa plástica acentúe la curvatura.

– Rotura de la fibra en el plegado. Puede producirse el efecto conocido como “rotura de fibra” o “ajado”, que consiste en que la fibra del papel se rompa en la línea de plegado. Al doblar el papel, algunas de las fibras que están justo sobre la línea en la que se efectúa el plegado, se rompen dejando a la vista “las tripas” del papel. El efecto es particularmente visible cuando se ha aplicado mucha carga de tinta (fondos de colores oscuros) justo en la línea del plegado, ya que en ese caso hay mucho contraste entre el color de la tinta y las fibras blancas del papel. Una de las formas de evitarlo es hacer un hendido en la línea de pliegue.

Hasta aquí la introducción de nuestra serie El Papel. En el siguiente artículo veremos algunas de sus características.